(via casabet64)
(via casabet64)
En caso de que no lo hayas notado aún, amo la forma en que tu boca dibuja una sonrisa cuando me ves. Me encanta como tus brazos me reciben con el mismo amor con el que me veías hace dos años. Y la forma en que el brillo de tus ojos me hace delirar tantas veces. La forma en que tu boca me derrite y me vuelve poco más que escombros, me arrebata de mis pensamientos y dejo de ser yo para ser contigo un nosotros. Me fascina la forma en que eres tú otra vez la razón por la que escribo a estas horas, y como sin hacer nada me volviste a enamorar. Pero lo que más me gusta de ti es que puedo llamarte mío.
Yo ya no sé que hacer con estas ganas de mentarte la madre. Porque estoy de mal humor o porque te lo mereces, como sea. Porque tengo un millón de razones para darte. Por haberme enamorado todos y cada uno de los días en que hablé contigo y por todos los días en los que no hablé contigo. Por tu forma de tratarme o las ganas de besarte. Esas malditas ganas de arrancarte un beso de los labios aunque fuera lo más peligroso que hiciera, aunque fuera lo último que hiciera. Y porque no te basta con eso. Porque me imagino tu sonrisa y el brillo de tus ojos, porque imagino que estoy en tus pensamientos así como tú estás en los míos. Porque sé que no eres mío. Y porque, a pesar de que te dé un millón de razones, te va a seguir dando lo mismo.
(Source: casabet64)
Ven aquí y dime tú cómo decirle que fue más de una vez la que esperé que volviéramos a ser extraños y que los besos nos supieran a aventuras y no a daños.
Te quise tanto que al final ya no quise nada que no fueras tú. Sólo tú. Con esos ojos cafés que me invitaban a ir a donde fuera. Me perdí en tu mirada esperando encontrarte y al final no encontré nada que no fueras tú. Y nos bebimos la noche esperando ser todo lo que siempre habíamos querido y terminamos siendo nada, otra vez. Y volvimos a ser todo y a ser nada, hacer todo y hacer nada. Te besé los labios y la cara. Te besé otra vez y otra y otra. Saldando cuentas, cerrando asuntos, eliminando pendientes. Te besé una vez más y me arriesgué a enamorarme de ti, otra vez. A enamorarme más, a perderme otra vez en tus ojos cafés, en tu voz, en tu cuerpo y en todo ese relajo en el que te has convertido. Y era ese mismo relajo el que me absorbía todos los días, que me intrigaba y me llevaba por tus pensamientos que no he podido descifrar. Esa pinche desesperación de no saber quién soy cuando estoy contigo que me ata aún más a ti. Te susurré al oído que te quería sin saber si quería decirlo. Me volteé, prendí un cigarro y me fumé todas las palabras que no te dije sólo para exhalar el humo lleno de sentimientos esperando que entendieras. Porque sin querer te comencé a querer y ni queriendo podría sacarte de donde estás. Entonces te tomé de la mano y caminamos en tu mirada, buscando la salida pero lo único que encontramos fueron entradas.